Menos que las lámparas de halogenuros metálicos o HPS, pero no cero. Los chips LED duran mucho más que el controlador (entre 50.000 y 100.000 horas), así que no tendrás que cambiar las lámparas cada año. Lo que sí debes vigilar es la acumulación de polvo y suciedad en la lente o el reflector. En un taller de carpintería, fundición o planta de procesamiento de alimentos, una capa gruesa de serrín o grasa puede reducir la intensidad luminosa en un 30 % en seis meses. La gestión térmica también es importante. Si las aletas del disipador se obstruyen con pelusa o la carcasa del controlador se cubre con pintura en aerosol, los componentes electrónicos se calientan y se estropean prematuramente. Una limpieza rápida cada 12-18 meses los mantiene funcionando correctamente.
Dos tareas de mantenimiento realmente valen la pena. Primero, revise las conexiones de atenuación de 0-10 V en los terminales del controlador: la vibración de las puertas basculantes o el tráfico de montacargas puede aflojar un cable morado/gris, dejando las luminarias atascadas al 50 %. Segundo, los días de reemplazar bombillas ya pasaron, pero conviene revisar los controladores individuales para detectar fallas (generalmente indicadas por una sola luminaria apagada en una fila). Tenga uno o dos controladores de repuesto por cada cien luminarias. Eso es todo. Sin reemplazos de balastos, sin cambios de condensadores, sin encendedores. Para un almacén o taller mecánico típico, calcule una hora al año por cada cien luces con un elevador o un soplador montado en un poste. Compárelo con los cambios trimestrales de bombillas en los antiguos sistemas HID.