El impacto de las farolas LED en la calidad del sueño se debe principalmente a su componente de luz azul, que puede suprimir la secreción de melatonina y alterar el reloj biológico humano. Sin embargo, la magnitud de este impacto depende de varios factores:
Intensidad lumínica: Los niveles de luz en interiores, como en un dormitorio, suelen ser muy bajos (<1 lux). Si bien las farolas LED pueden producir entre 10 y 30 lux en la superficie de la calle, la luz que se filtra a través de las cortinas suele ser inferior a 0,1 lux, un nivel que tiene un efecto insignificante en la supresión de la melatonina. En cambio, el uso de teléfonos móviles o pantallas de ordenador (que pueden alcanzar decenas de lux) antes de acostarse tiene un impacto mucho más significativo.
Temperatura de color: Las fuentes de luz con una temperatura de color alta (superior a 5000 K) contienen una mayor proporción de luz azul, que es más eficaz para suprimir la melatonina. Por lo tanto, al instalar alumbrado público LED cerca de zonas residenciales, es recomendable utilizar luz blanca cálida o blanca neutra, generalmente en el rango de 3000 K a 4000 K. Además, el uso de cortinas gruesas o persianas opacas puede bloquear eficazmente la luz exterior.
Ángulo de instalación: Ajustando la distribución de la luz y utilizando parasoles, esta se puede dirigir principalmente hacia la calzada, minimizando la luz dispersa que podría llegar a las ventanas de los residentes. Muchas normativas municipales de alumbrado público especifican que la iluminancia vertical a una altura de 1,5 metros frente a una ventana residencial no debe superar 1 lux. Si los residentes expresan su preocupación, se pueden tomar medidas como la instalación de parasoles o el uso de lámparas con una temperatura de color más baja.
Cuando las farolas LED están bien diseñadas y seleccionadas, su impacto en la calidad del sueño es mínimo, mucho menor que el de los dispositivos electrónicos utilizados en interiores.