La estabilidad de la temperatura de color de las luces LED para estadios es muy superior a la de las lámparas de halogenuros metálicos. En condiciones normales de funcionamiento, la variación de la temperatura de color de las luminarias LED suele ser inferior a ±200 K en 50 000 horas, mientras que las lámparas de halogenuros metálicos pueden variar en más de ±500 K en tan solo 2000 horas (generalmente desviándose hacia el espectro amarillo-verde).
Las razones de esta estabilidad incluyen las siguientes: La luz blanca se genera mediante la luz azul del chip LED que excita una capa de fósforo; los materiales del fósforo y los procesos de fabricación son estables, lo que resulta en un envejecimiento lento. Además, la corriente de excitación constante evita los cambios espectrales causados por el envejecimiento del tubo de arco, un problema común en las lámparas de halogenuros metálicos. Las luminarias LED de alta gama también emplean tecnología de compensación de temperatura de color: sensores integrados monitorizan la temperatura del chip y ajustan dinámicamente la corriente de excitación del LED azul para mantener una temperatura de color constante. Incluso si el fósforo envejece ligeramente, el circuito de compensación mantiene la estabilidad del espectro de salida. Para la transmisión televisiva, la temperatura de color estable elimina la necesidad de ajustes frecuentes del balance de blancos de la cámara, lo que garantiza una imagen con colores uniformes.
Al adquirir luces LED para estadios, conviene prestar atención a los datos de variación de la temperatura de color proporcionados por el fabricante (generalmente expresados como el cambio en las coordenadas de cromaticidad, Δu'v'; un valor de Δu'v' ≤ 0,005 corresponde a una variación de aproximadamente ±200 K). Además, la temperatura de color inicial de todas las luminarias en el mismo recinto debe ser uniforme (con una tolerancia de color de SDCM ≤ 3) para evitar inconsistencias o "manchas de color" cuando varias luces iluminan la misma zona.