Depende totalmente del espacio. 3000 lúmenes en un baño pequeño o un pasillo se sentirían como un quirófano: desagradablemente duros y deslumbrantes. En una sala de estar o dormitorio estándar (digamos, 18-28 m²), es demasiado para una sola lámpara de techo a menos que tenga regulador de intensidad. Pero si colocamos esos mismos 3000 lúmenes en un garaje para dos coches, un taller en el sótano o una cocina grande y abierta con techos altos, comienza a verse perfectamente razonable. La clave está en los lúmenes por metro cuadrado: para iluminación de trabajo en un garaje, se necesitan entre 50 y 75 lúmenes por metro cuadrado, por lo que 3000 lúmenes iluminan bien un banco de trabajo de 3,7 a 5,6 m². Para iluminación ambiental en una sala de estar, se buscan entre 10 y 20 lúmenes por metro cuadrado, por lo que 3000 lúmenes iluminarían una habitación de 18,6 m² casi al doble.
Aquí va una breve comprobación de la realidad. Una bombilla incandescente estándar de 60 W emite unos 800 lúmenes. Una bombilla de 100 W emite unos 1600 lúmenes. Así que 3000 lúmenes equivalen aproximadamente a cuatro bombillas tradicionales de 60 W o dos de 100 W encendidas a la vez. Es mucha luz para espacios acogedores. Dónde brilla: una sola lámpara de techo en un taller pequeño, focos exteriores que iluminan una entrada de vehículos o tiras de luz bajo los armarios en una cocina grande. Dónde es demasiado brillante: lámparas de mesilla de noche, pequeñas oficinas en casa o cualquier habitación donde la gente quiera relajarse sin entrecerrar los ojos. La solución real: compra una lámpara regulable. Con un interruptor regulador, 3000 lúmenes se vuelven flexibles: bájalo a 800 para una noche de cine, súbelo al máximo cuando estés limpiando o trabajando en un proyecto.