La eficacia lumínica se refiere simplemente a la cantidad de lúmenes que emite una fuente de luz por vatio de electricidad que consume. Se calcula dividiendo el total de lúmenes entre el total de vatios. Una luminaria con una potencia nominal de 20 000 lúmenes que consume 150 vatios proporciona aproximadamente 133 lm/W. Cuanto mayor sea este valor, más luz se obtiene por cada dólar gastado en electricidad. Lo que realmente importa para la factura de la luz es la eficiencia, no las cifras vagas de "equivalente en vatios" que aparecen en las cajas.
He aquí por qué es importante. Las antiguas lámparas de halogenuros metálicos o fluorescentes de gran altura apenas alcanzan los 70 a 100 lm/W una vez que se tienen en cuenta las pérdidas del balasto. Las buenas luminarias LED actuales alcanzan los 130 a 180 lm/W directamente de fábrica. Este salto por sí solo reduce el consumo de energía para iluminación a la mitad o más. Pero cuidado: algunas luminarias baratas indican la eficacia bruta del chip LED, no la potencia total de la luminaria después de las pérdidas del controlador y la óptica. Busca la "eficacia de la luminaria" en la hoja de especificaciones. Y la eficacia no lo es todo: una bombilla tipo maíz de 200 lm/W con un control de haz deficiente desperdicia luz en el techo. Pero para el mismo tipo de luminaria, un mayor lm/W significa menos calor, controladores más pequeños y menores costos operativos. Punto.