El ángulo del haz es fundamental para lograr una cobertura adecuada y evitar deslumbrar a los vecinos. Básicamente, indica la amplitud con la que se dispersa la luz desde el centro de la luminaria. Generalmente, los fabricantes lo clasifican en tres categorías principales: estrecho, medio y ancho. Un ángulo de haz estrecho se sitúa entre 10° y 30°. Imagínelo como un haz potente y concentrado que se comporta como un foco de largo alcance. Se utiliza un haz estrecho para iluminar el campanario de una iglesia, resaltar una estatua en un parque o destacar pilares arquitectónicos estrechos en un rascacielos desde una luminaria instalada a nivel del suelo. Mantiene la luz concentrada y enfocada, evitando que se disperse en zonas no deseadas.
Subiendo de nivel, un ángulo de haz medio suele estar entre 60° y 90°. Este es el tipo de luz más versátil y fiable. Los contratistas prefieren los haces medios para la iluminación de seguridad general alrededor del perímetro de un edificio, la iluminación de letreros comerciales o la iluminación de entradas y aceras estándar. Ofrece un excelente equilibrio entre el alcance y la cobertura lateral. Por último, están los ángulos de haz amplios, que alcanzan los 120° o más. Los haces amplios son perfectos cuando se necesita cubrir una gran superficie y los postes de montaje están relativamente cerca del suelo. Si se busca eliminar las zonas oscuras en una extensa plaza escolar, iluminar un muelle de carga al aire libre o mantener seguro un gran aparcamiento comercial, los proyectores de gran angular son la mejor opción, ya que bañan toda el área con una cuadrícula de luz uniforme y superpuesta.