El alumbrado público tradicional se refiere principalmente a lámparas de sodio de alta presión (HPS), lámparas de mercurio y algunas lámparas de halogenuros metálicos. Existen razones de peso para su eliminación gradual:
En primer lugar, su baja eficiencia energética: las lámparas de sodio de alta presión (HPS) tienen una eficacia luminosa de aproximadamente 80-120 lm/W, y las de mercurio solo de 40-60 lm/W, muy por debajo de los más de 150 lm/W que alcanzan los LED modernos. Esto significa que el alumbrado público tradicional consume más electricidad y produce menos luz.
En segundo lugar, su corta vida útil: la vida útil promedio de una bombilla HPS es de 15 000 a 20 000 horas, y la de una lámpara de mercurio es de aproximadamente 10 000 horas, mientras que las farolas LED pueden durar entre 50 000 y 100 000 horas. Los reemplazos frecuentes de bombillas generan altos costos de mantenimiento e interrupciones en el tráfico.
En tercer lugar, la mala calidad de la luz: las lámparas HPS emiten una luz amarillo-anaranjada (temperatura de color de entre 1900 K y 2100 K) con un índice de reproducción cromática (IRC) muy bajo (aproximadamente 20), lo que provoca una grave distorsión del color. Al conducir de noche, a los conductores les resulta difícil distinguir manchas de aceite, charcos o el color de la ropa de los peatones, lo que supone un riesgo para la seguridad.
En cuarto lugar, el arranque lento: las lámparas HPS requieren un período de calentamiento de 3 a 10 minutos para alcanzar su brillo máximo y no se pueden encender instantáneamente; si se interrumpe el suministro eléctrico, deben enfriarse antes de volver a encenderse, lo cual es extremadamente inconveniente.
En quinto lugar, la presencia de sustancias peligrosas: tanto las lámparas de sodio de alta presión (HPS) como las de mercurio contienen mercurio; su rotura provoca contaminación ambiental y su eliminación requiere un manejo especial.
Sexto, dificultad para regular la intensidad de la luz: regular la intensidad del alumbrado público tradicional requiere balastos regulables costosos, y el proceso de regulación reduce significativamente la vida útil de las bombillas. Por consiguiente, la mayoría de las ciudades no pueden implementar medidas de reducción de potencia para ahorrar energía durante la noche.
Séptimo, mantenimiento peligroso: El reemplazo frecuente de bombillas requiere plataformas elevadoras, lo que aumenta el riesgo de descargas eléctricas y caídas para los trabajadores.
Ante estos inconvenientes, más de 100 países y regiones de todo el mundo han establecido calendarios para la eliminación gradual del alumbrado público ineficiente. China también está impulsando la sustitución de las farolas tradicionales por versiones LED mediante su programa de "Modernización para el ahorro energético en el alumbrado urbano".