Al instalar reflectores exteriores, estos deben ser resistentes a la intemperie, y es aquí donde entran en juego los índices de protección IP. Estos códigos de dos dígitos indican el grado de hermeticidad e impermeabilidad de una carcasa eléctrica. El primer dígito se refiere a la protección contra objetos sólidos como el polvo, mientras que el segundo cubre los líquidos. En el caso de IP65 e IP66, el "6" significa que son completamente herméticos al polvo, por lo que no puede entrar suciedad ni partículas. La diferencia principal radica en su resistencia al agua.
Una luminaria con clasificación IP65 está diseñada para soportar las condiciones climáticas cotidianas. Resiste fácilmente la lluvia, la nieve y las salpicaduras de agua a baja presión desde cualquier ángulo; por ejemplo, un aguacero constante o el chorro de agua de una manguera de jardín mientras se lava la fachada de un edificio. Para la gran mayoría de patios traseros, entradas de vehículos y propiedades comerciales estándar, la clasificación IP65 ofrece protección más que suficiente para que la luz funcione de forma segura año tras año.
Por otro lado, la clasificación IP66 eleva el nivel de resistencia a uso industrial. Una luminaria con clasificación IP66 está sellada herméticamente para soportar chorros de agua a alta presión y fuertes olas. Si va a instalar luces en entornos adversos, como propiedades costeras expuestas a intensas salpicaduras de agua de mar, zonas de lavado industrial o áreas propensas a tormentas tropicales severas y lluvias torrenciales, la clasificación IP66 es la mejor opción. Le brinda la tranquilidad de saber que, sin importar la fuerza del viento, los componentes electrónicos internos permanecerán completamente secos.